Punto de partida.

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En mi trabajo me encuentro con personas que valoran todo lo positivo, a parte del resultado físico, que rodea al entrenamiento con cargas. Pero también me encuentro con personas que tienen demasiada prisa en conseguir un objetivo sólamente físico. 

Seguro que un problemilla emocional está detrás. Una mala racha. ¿Puede que una mala experiencia de pareja? ¿Se quiere «volver al mercado» por la puerta grande? Esto no nos dejará ver con claridad el punto de partida. El objetivo sí, claro. De repente se fija un objetivo a conseguir pero con «esa venda en los ojos» no seremos conscientes de cómo estamos en la salida hacia la meta.

Quiero ponerme buenorr@ en poco tiempo. Voy a pasar de cuerpo-maruj@ a cuerpo-Fit…

No todos empezamos con la misma base. No todos tenemos la misma respuesta. No se puede pasar de no cuidarse a esperar un cambio radical en poco tiempo, cambio que muchas personas, partiendo del mismo lugar, han tardado años en conseguir.

Ésto le suele suceder a personas que no entrenan con regularidad, y creen que en poco tiempo, como si se tratase de magia, llegará un cambio espectacular. Se obsesionan y llevan todo al milímetro… Pero, al poco tiempo, cuando ven que ésto no es como cambiar de canal se desaniman, con lo que abandonan. ¿No conoces a alguien que, de repente, no cena y toma batidos milagrosos con una persona esbelta en los anuncios? ¿Que ha pasado de comer pizza a no ponerle ni aceite de oliva a la ensalada porque tiene «muchas» calorías? Éstas personas son las que antes fracasan.

Me ha llegado a pasar que han querido ver un cambio en días… Pesándose cada día. Mirándose al espejo a cada momento. ¿Estamos locos? Todo lleva su tiempo. Haberte cuidado antes. Haber entrenado antes. 🙂

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